CUENTOS REALISMO MÁGICO.

 EL ENCUENTRO MÁGICO DE PEPE Y EL ÁRBOL DE LOS DESEOS. 

Por Juan Manuel Polo. 

 

Había una vez un niño llamado Pepe, que vivía en un pequeño pueblo rodeado de montañas y bosques. Pepe era un niño muy curioso y aventurero, siempre buscando nuevas experiencias y emociones. 

Un día, mientras exploraba el bosque, Pepe encontró un árbol muy especial. Tenía un tronco robusto y ramas frondosas, y en cada una de ellas había pequeñas hojas de colores brillantes que iluminaban su figura. Pepe se acercó cuidadosamente y notó que en cada hoja había un deseo escrito. 

Intrigado Pepe decidió tomar una hoja y leer el deseo. Decía: ¡Deseo tener un helado de fresa! Pepe sonrió y pensó:esto es asombroso!. entonces, arrancó la hoja y la arrojó al viento. De repente, apareció un helado de fresa en sus manos. 

Pepe no podía creer lo que veía. Decidió probar con otro deseo y tomó otra hoja. Esta vez decía: ´´Deseo volar como un pájaro´´. Pepe arranco la hoja y la lanzo al aire, y en ese momento, se elevó en el aire y comenzó a volar. Se sentía libre y emocionado mientras exploraba el cielo. 

Pepe contintomando más hojas y haciendo realidad los deseos escritos en ellas. Deseó tener un perro para jugar, y de repente, apareció un lindo cachorro a su lado. Deseó tener una bicicleta nueva, en un abrir y cerrar de ojos, estaba montado en su bicicleta reluciente. 

Pero a medida que Pepe seguía cumpliendo sus deseos, comenzó a percatarse de algo importante. Cada vez que arrancaba una hoja del árbol, las ramas del árbol se volvían más débiles y las hojas comenzaban a perder su brillo. El árbol se estaba debilitando y Pepe se sintió triste. 

Entonces, en lugar de tomar más hojas para cumplir sus deseos, Pepe decidió hacer algo diferente. Tomó una hoja y escribió en ella:dese que el árbol vuelva a ser fuerte y hermoso. Luego, colocó la hoja en una rama y la cuido con cariño. 

Día tras día, Pepe regaba el árbol, le hablaba y le daba mucho amor. Poco a poco, las ramas del árbol se volvieron más fuertes y las hojas recuperaron su brillo. El árbol estaba feliz y agradecido por el amor y cuidado de pepe. 

Pepe aprendió una valiosa lección de esta experiencia. Comprendió que los deseos no siempre deben ser solo para uno mismo, sino que también es importante pensar en los demás y en el bienestar de la naturaleza. 

Desde aquel día, Pepe se convirtió en un defensor de los árboles y la naturaleza. Ayudaba a plantar más árboles y enseñaba a los demás la importancia de cuidar nuestro entorno. Siempre recordaba la magia del árbol de los deseos y como había aprendido a ser más generoso y compasivo. 

Y así, Pepe y el árbol de los deseos vivieron felices y en armonía, compartiendo amor y alegría con todos los que lo rodeaban. 





UN DÍA COMO HOY

Por Irina González Molina.

Un día como hoy mi corazón late, pero no de la manera como laten los corazones, solo sentía esa inmensa emoción y el estallido en mi interior, mi estómago sentía, esa explosión con que se movía, por la llegada de mis hermanos al pueblo. Un pueblo tranquilo lleno de gente buena y querida.  

Fue ese día, cuando yo con tan solo 9 años, experimenté el amor más grande que podía existir por mis hermanos, los cuales llegaron con tanta alegría, me trajeron muchos regalos, ellos me llamaban princesita, era la única niña en casa. En ese momento de unión se desborda el amor en nuestra familia. Ese día mi madre, entro a la cocina a servir la comida, esa sopa de pato que tanto nos gusta, mi padre, mis hermanos y yo estábamos en la sala, ellos contaban todo lo que hacían en la ciudad y las clases a diario que tenían en la universidad. Yo escuchaba sus voces, para mí era música en mis oídos, imaginaba como sería mi vida allá, yo les decía a ellos, que cuando estuviera grande me llevaran allá, a esa ciudad, donde todo es bello, elegante de cristal, y donde la gente no duerme. 

Mi madre nos llamó, pasamos a la mesa, todo estuvo muy rico. 

Esa sopa me supo a gloria. -Dijo uno de mis hermanos-. Extrañaba tu sazón madre.  

Mi madre responde: -Siempre les cocino con amor-. 

Yo me reía y le dije: ¿Por qué a Gloria? ¿Qué a la vecina de al lado?, -me respondió-. 

-Cuando estés en la ciudad lo entenderás. Le dije: ¡Ya quiero crecer! 

Sentí tanto afán de crecer, que todas las mañanas al despertar corría hacia el árbol de totumo, agarraba y me colgaba de una rama gruesa de dos horquetas y ponía a mis amigas, que me jalaran de los pies, para estirarme y así crecer. Los días transcurrían y todo era felicidad, yo me sentía que estaba en las nubes, con tantos halagos y mimos que me hacían mis hermanos. 

Una noche negra y oscura, perturbó nuestra felicidad y la tranquilidad de nuestro pueblo, no vi muy bien qué fue lo que llegó. Pero acabó con toda esa explosión de felicidad, que mi corazón sentía y la despedazó, convirtiéndola en un dolor insoportable, ese día morí y viví al mismo tiempo, al ver cómo se llevaban a mis hermanos y a todos los jóvenes. 

No sabía muy bien lo que pasaba solo sentía, una estaca que traspasaba mi corazón, al igual que mi madre, que no dejaba de llorar, sus lágrimas llenaron el vaso donde yo tomaba mi limonada; desde ese día todo cambió. 

Mi padre, se fue en busca de mis hermanos. Pero no regresó. Mi madre y yo quedamos solas como una hoja, cuando se desprende del árbol y no se sabe a dónde va, ni que pasará. 

En nuestra casa solo retumban las voces y risas de mi padre y mis hermanos de cuando referían sus chistes, se morían de la risa a carcajadas se podía escuchar claramente como si estuviesen allí. 

Una noche, se fue la luz y escuché los pasos de un animal grande, que se acercaba a nuestra vivienda, el temor nos invadía, la angustia de saber quién era, sentía un miedo que me hacía erizar la piel, pero a la vez sentía alegría, porque podía ser, mis hermanos o mi padre. Con ese miedo, angustia y alegría me acerqué y abrí la puerta para ver qué era. Algo pegó en mi frente, sentí que algo corría sobre y caí. No sentí más nada solo vi una luz, y dentro de esa luz, estaba mi padre y hermanos corría y corría detrás de esa luz y no los alcanzaba, pero mi padre me dio la mano, los abracé y lloré de emoción.  

Ellos dijeron: ¡Mira aquí estamos!, vez la hermosa ciudad que querías conocer. 

Al fin llegó ese día, -dijo papá-. Sentía que volaba y los veía a ellos flotar. A lo lejos veía una hermosa ciudad era la ciudad que yo anhelaba conocer estaba allí con ellos, como siempre lo quise, yo les pregunté: -Esto es real o estoy soñando-. ¿Cuándo pasó todo esto? 

Alcance a escuchar una voz, era de mi madre, que me llamaba con angustia y llanto, en ese momento mi vida empezó a pasar rápidamente como una película vieja que veíamos en casa, trayendo recuerdos. Desperté toda llena de sangre con la noticia, de que todo lo que viví ese día, había acabado, con la alegría de verlos y el dolor a la vez por la pérdida de uno, de mis hermanos. 

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